Escritos de Irina PolÓ - Eurìpides
   
 
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El genio de Eurípides

Las crisis de las sociedades han sido provocadas a través de la Historia por la ausencia de valores modales que las han corrompido, y propiciado a la decadencia. Al lado del derrumbe moral colectivo, siempre se manifiesta un mundo contradictorio y degenerado que se debate en una lucha constante por recobrar aquellos valores que constituyen el sostén y el pedestal de la personalidad humana. La obligación de quienes poseen la conciencia de esta situación, es luchar para recobrar la rectitud perdida en el caos de la inmoralidad, levantando sus palabras y sus obras en la lucha por la recuperación. Las plumas de grandes escritores y poetas, han sido el bastión mas efectivo, no sólo para la denuncia de éstos males que corroen las sociedades, sino para apuntar a la conciencia de los individuos la necesidad de rectificar su comportamiento en aras de una superación.

Tal es el caso de uno de los más grandes Trágicos que ha conocido la Literatura Universal: EL GENIO DE EURIPIDES.

No es necesario describir la sociedad a la cual se dirigen los dramas de Eurípides. Las fuentes históricas y sobre todo literarias, son en este período sumamente ricas y el cuadro moral que nos permiten trazar es evidente. El Estado trataba de llevar a la convicción de los ciudadanos que solo prosperan los individuos, si la totalidad crece y se desarrolla. Y cuanto mayor era la grandeza con que se manifestaba la época en todas sus empresas, se sentía el inaudito crecimiento de la mentira y de la hipocresía, a cuya costa se compraba el esplendor y la íntima inseguridad de una existencia. Largos años de guerra, aceleraron de un modo siniestro la destrucción de los fundamentos del pensamiento, que habían hecho de Atenas el centro de la sabiduría y del progreso. Se ha llegado al extremo que la temeridad insensata se considera ahora como valor y lealtad y la reserva prudente como cobardía.

Cuanto más se insulta y se injuria a alguien, por más leal se le tiene; la intriga sagaz es considerada como signo de verdadera virilidad, la reflexión madura como evasión y el parentesco de sangre es considerado como vínculo más débil que la pertenencia a un partido. En fin, el poderío, la codicia y el orgullo eran los únicos motivos de la acción y los antiguos grandes ideales eran sólo consignas verbales. Y lo más insólito ocurre cuando es necesario separar, lo mismo en la comedia que en la tragedia, las invenciones del poeta que se dirigen a la selección espiritual, de las que se orientan hacia la masa del pueblo. La separación de la vida de la ciudad de Atenas de la del campo, dio lugar a lo rústico en oposición al de lo ciudadano, que se hizo equivalente de culto o educado. Cuando durante gran parte del Siglo V, la tragedia era accesible a todo público.

Cuando Eurípides se presentó para aspirar el premio de la Tragedia, con sus dramas elaborados con el más severo respeto a la forma mítica, no podía hacer creer a sus oyentes en la tendencia a la progresiva modernización de las figuras del mito en que se aventuraba, no era sino un nuevo estadio en el proceso gradual de evolución que se daba para entonces.

Los nuevos contenidos no sólo transformaban el mito, sino también el lenguaje poético y las formas tradicionales de la tragedia. Eurípides no los disuelve arbitrariamente. En cada escena revela el poeta claramente, que sus creaciones se dirigen a una sociedad determinada que necesita justificarse ante sí misma. En Medea advertimos claramente este rasgo del poeta: “Hacia atrás corren las ondas de las sagradas fuentes, y la justicia y todas las cosas hacia atrás se revuelven. El dolo preside en los consejos de los hombres y no hay fe en los dioses. Mas tú abandonaste el hogar paterno, navegando airada, atravesaste los dos peñascos del mar, habitas en tierra extranjera, y viuda solitaria yaces en el lecho. ¡Oh desdichada! Y te destierran de éste país con ignominia. El aire se llevó los juramentos y desapareció el pudor de la Hélade, siendo tan vasta. Tú desventurada, no tienes palacio paterno al cual recurras en tus miserias, y en el tuyo y en tu esposo domina otra reina más poderosa que tú”.

Con el crecimiento de la sociedad, se hace más perceptible el carácter problemático de la sociedad humana de Atenas. Eurípides trata de hallarles mitigación o salida por medio de la reflexión y la razón. Se discute el matrimonio. Las relaciones sexuales, son llevadas a la luz pública. ¿No domina aquí el derecho del más fuerte, como siempre sobre la tierra? Así halla el poeta en la historia de Jasón que abandona a Medea los sufrimientos de su tiempo, e introduce en ella problemas desconocidos para el mito original, incorporándolos a la grandiosa plástica de la representación.

Las mujeres de la Atenas de entonces no eran precisamente Medeas; eran demasiado toscas y oprimidas o demasiado cultivadas. De allí que Eurípides escoja a la bárbara Medea, que mata a sus hijos para ultrajar a su desleal marido, para mostrar la naturaleza elemental de la mujer, libre de las limitaciones de la moral griega.

Así Jasón, que para la sensibilidad de los griegos era un héroe sin tacha, aunque no ciertamente un marido fiel, se convierte en un cobarde oportunista. Ello lo hace Eurípides para demostrar que no obra por pasión sino por frío cálculo, esto era necesario para convertir a la parricida del mito en una figura trágica. El conflicto entre el egoísmo sin límites del hombre y la pasión sin límites de la mujer, es Medea un auténtico drama de su tiempo.

-No solo ahora, sino muchas veces, he observado que la rabiosa cólera es mal irreparable. Cuando podías quedarte en tu casa y en éste país, si obedecieras resignada las órdenes de los que mandan, los obligas profiriendo vanas palabras, a que te lances que aquí. Para mí no hay en esto la menor molestia; no dejes nunca de decir que Jasón es el peor de los hombres; pero en cuanto a tus injurias contra los príncipes, deber convenir con migo que no ganas poco siendo desterrada. Siempre me esforcé en aplacar la ira de los reyes, enfurecidos contra ti, y deseaba que te quedases; pero tú, siempre insensata, prosigues maldiciendo a los que reinan, y así no habrá otro remedio que desterrarte.

-¡Oh tú, el mayor de los malvados ¿has venido a vernos cuando te odio mas que a nadie? No es confianza ni fortaleza mirar frente a frente a los amigos a quienes injurias, sino desvergüenza, la más grave de las debilidades humanas. No obstante, has hecho bien en venir, por que me consolaré maldiciéndote, y tú sufrirás oyéndome. Comenzaré pues, tu apología. Yo misma, abandonando traidoramente a mi padre y a mi familia, te acompañé con más ligereza que prudencia y maté a Pelias valiéndome de sus mismas hijas y te liberé de todo temor. Y por estos beneficios, ¡oh tú, el mas infame de los hombres, me has vendido y buscando un nuevo tálamo para que no se acabe tu linaje. Si no tuviera hijos, podría perdonarte tus nuevas nupcias. No has hecho caso de tus juramentos, ni es fácil saber si crees que todavía reinan los dioses que antes reinaron. ¡Ay de mi diestra que tanto estrechaste! ¡Ay de mis rodillas que en vano tocó un hombre malvado!...

En otra parte, Jasón hace ostentación de prudencia y generosidad. Medea hace reflexiones filosóficas sobre la posición social de la mujer, sobre la deshonrosa violencia de la entrega sexual a un hombre extraño, al cual es preciso seguir en el matrimonio y comprar mediante una rica dote. Y explica que el parto de los niños es más peligroso y heroico que las hazañas de los héroes en la guerra.

El viejo Sófocles nos presenta a su Edipo en Colono afirmando que ha cometido sus crímenes de parricidio e incesto sin conocimiento ni voluntad. Para Eurípides en cambio, este problema tiene una gravedad decisiva, y la apasionada conciencia subjetiva de la inocencia de sus héroes, se manifiesta en amargas quejas contra la escandalosa injusticia del destino o Moira. Así la Helena de Eurípides analiza su adulterio, considerándolo como realizado bajo la compulsión de la pasión erótica.

Ahora bien, todos los poetas griegos eran verdaderos filósofos, en el sentido de la inseparable unidad del pensamiento, el mito y la religión. No es por tanto algo inusitado, el hecho de que Eurípides haga hablar a sus héroes y a sus coros en el lenguaje añorante de valores perdidos: “Feliz el bienaventurado, que conociendo los divinos misterios purifica su alma, y el consagra su existencia errante en los montes, en expiación sagrada; y celebrando según los ritos, las orgías de la madre Cibeles, agita el tirso  adora a Dyonisos coronado de hiedra. Andad bacantes; andad bacantes, que desde los montes frígidos acompañáis a Dyonisos, hijo de dios, a las ricas ciudades de la Hélade”.

En las bacantes, el sabio Tiresias es también muy expresivo en cuanto a la añoranza de lo antiguo y lo moral… “Respetemos las tradiciones de nuestros padres, sean cuales fueres, y no habrá razón que las destruya, aunque sean parto del más agudo ingenio. Quizá dirá alguno que no sienta bien a mis años danzar coronado de hiedra. El dios no ha establecido si ha de ser joven o viejo el que guíe los coros; sólo quiere que todos le tributen comunes honores, y no fija que sean tantos o cuantos los que han de adorarle”.

El éter de la atmósfera espiritual que respiran los héroes de Eurípides, es fino y sutil. Su sensible intelectualidad, que parece débil, comparada con el vigor vital profundamente arraigado en Esquilo, se convierte en instrumento espiritual de un arte trágico que necesita cimentar, para aguijonear a una sociedad decadente.

Este poeta que lo conoció todo y al cual no fue ajena ninguna idea piadosa o frívola, que haya brotado jamás en cerebro humano alguno, pudo poner en boca de Hécuba, en este momento de desesperación en su tragedia Las Troyanas: “Tú portador de la tierra, que tienes tu sede sobre la tierra, quienquiera que seas, inaccesible a la pesquisa humana. Zeus, lo mismo si eres la ley del mundo que el espíritu del hombre, a ti dirijo mi súplica, puesto que andado senderos llenos de calma gobiernas el destino de los hombres según su justicia”.

La mujer que clama así, no cree ya en los antiguos dioses. Su corazón angustiado se dirige al fundamento originario y eterno del ser que la sutileza filosófica ha colocado en su lugar. En lo profundo de su sufrimiento, incapaz de renunciar a la exigencia humana de hallar un sentido al caos de la existencia, busca un refugio en la plegaria, como si en alguna parte del espacio universal hubiera un oído capaz de percibirla.

¿Quién sería capaz de concluir de ello que Eurípides tuvo una religión cósmica  creyó en la justicio del cuso del mundo?

Eurípides es uno de los más grandes líricos. Incomparable en la aprehensión de las voces líricas de su realidad que le toca vivir. En la escena de Hipólito en donde el alma juvenil del mancebo se consagra con la exaltación y ternura a la diosa Artemisa, se percibe el fino toque lírico que lo caracteriza: “Salve! Oh bellísima Artemisa! Virgen que moras en el Olimpo; para ti traigo esta corona tejida de flores no libadas, que la adornan, y cogidas por mí en donde el pastor no se atreve a llevar sus rebaños, ni ha entrado jamás el hierro; solo la primavera visita este prado y las abejas no le tocan, y el pudor lo nutre con húmedo rocío. El que nada adquirió con el estudio y en todo es igualmente casto por naturaleza, puede cortar sus flores, no los malvados. ¡Oh dueña querida!; recibe ésta corona de mis manos piadosas para engalanar tus cabellos de oro. Solo entre los mortales disfruto de este privilegio; a tu lado estoy siempre, contigo hablo, escuchas mi voz, aunque no vea tu rostro. Como he empezado, así acabare mi vida”.

Así es como Hipólito, al tiempo que el sol extiende sus dorados rayos sobre el Parnaso, canta piadosamente su trabajo de todos los días y de todos los años, como servidor de Artemisa.

Fluye de la lírica de Eurípides, una profundidad de íntima comprensión, que  penetra en las mas finas emociones del alma ajena y las persigue hasta las regiones de lo anormal, con tierna simpatía por los encantos de lo personal e inefable, lo mismo en los hombres que en las cosas y los lugares.

Así en la canción coral de Medea, se respira en pocos versos, el perfume único que exhala la atmósfera espiritual de Atenas; su venerable historia enraizada en míticos recuerdos, la calmada seguridad que siempre rodeó su vida, la pureza de la luz, el éter del espíritu alimentando a los hombres, donde las sagradas musas criaron a la rubia Harmonía. Esto es lo que Eurípides extraña y hace extrañar a quien lo escucha.

Las creaciones de Eurípides se caracterizan por su infinita fecundidad, y el experimento sin descanso unido al constante desarrollo de la progresiva vuelta a la antigua tragedia. En Bacantes, los estudiosos han querido ver un gran descubrimiento del poeta hacia una conciente fuga de intelectualismo de la ilustración hacia la experiencia religiosa y la borrachera mística. Se percibe en esta obra un exceso de confesión personal, por que la vida de Eurípides terminó cuando aún se hallaba luchando con los problemas religiosos. En este sentido, nadie ha penetrado con mayor profundidad que Eurípides en la crítica racional de lo irracional del alma humana, por que vivió en medio de un mundo sin fé de una sociedad que había caído en total descreimiento de los valores divinos. El coro en una de las escenas de las Bacantes, es expresivo de la lucha de Eurípides, para recobrar los valores: “Fin infortunado tienen la lengua desenfrenada y la demencia que desprecia las leyes; al contrario de la vida práctica y la moderación, permanecen inalterables y conservan las familias, pues aunque los dioses habitan lejos, no descuidan las cosas humanas. La sabiduría demasiado sutil no es sabiduría, ni el ambicionar lo que no está al alcance del hombre. Breve es la vida, y el que acomete grandes empresas no goza de los bienes presentes. Inclinaciones son estas a mi juicio, de insensatos y de necio. Este dios hijo de Zeus, goza con los alegres banquetes y ama la paz, madre de las riquezas, diosa que alimenta a los jóvenes y distribuye por igual, entre el rico y el pobre los placeres del vino que destierran la tristeza. Aborrece a quien no cuida de sus bienes, y nos da grata la vida de día y de noche”.

Eurípides es un creador de un tipo de arte que no se funda ya en la ciudadanía, sino en la vida misma. El rango tradicional del arte dramático en el Estado de Atenas, de la Atenas clásica, no podía ya satisfacerle y lo ejerció en un sentido distinto y mediante la apasionada participación en especiales problemas de la política y de la vida espiritual de su medio.

Es simbólico que Eurípides terminara su vida en Macedonia, alejado de su patria. En el reposo de su cámara, cuidadosamente guardada y tenazmente defendida contra las visitas y las intrusiones del mundo exterior por su colaborador; Cefisofonte, piensa en sus libres y en su trabajo. Pero si su cuerpo se hallaba aún presente, su espíritu volaba ya, por las más apartadas lejanías y, cuando volvía a la tierra, se dirigía a Cefisofonte con las palabras de: ¡Oh infortunado!

Sus retratos nos muestran su frente negligentemente encuadrada por enmarañados mechones de pelo, tal como era típico de la plástica de ese entonces para caracterizar a las cabezas de los filósofos. Pero sólo alcanzamos su verdadera intimidad cuando tropezamos con una frase como ésta: “Eros enseña al poeta incluso cuando su alma carece de música…”.

Aunque sintió heridas sus alas por el choque de las relaciones personales y del mundo social en que vivía, el mundo le perteneció y en alguna forma revivió el vuelo del águila pindárica, por que no solo sintió como Píndaro, las alturas en las que volaba su espíritu, sino con un anhelo nuevo y apasionado sintió la amplitud sin límites de su camino, en la ardua tarea de recuperar los valores perdidos de la sociedad…

Nos hemos detenido en la tristeza de un poeta conciente de la necesidad de los valores que cimientan una sociedad, y de su lucha como artista y como escritor, para lograr la recuperación de su amada Atica.

Las nuevas generaciones de Guatemala, deben tomar ejemplo de esta lucha noble, para que nuestra patria camine sobre un sendero mejor y como el águila de Píndaro surque libre por el camino de la recuperación.

Muchas gracias y hasta la próxima semana.

 

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